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No en todos los sistemas educativos ni en todos los centros de enseñanza es así, pero muchas veces las figura del profesor se limita a un señor que nos imparte unos conocimientos y nos pone un examen al final para evaluar si hemos aprendido lo suficiente sobre un tema. Esto último es más frecuente en aulas masificadas donde los maestros no tienen la capacidad para conocer y evaluar de forma más personal a cada uno de los alumnos, o de hacer una tutoría de seguimiento más prolongada, acorde al día al día del curso.

Si estás en uno de estos casos y, comprobado que quejarse o los lamentos valen para bien poco, te proponemos que busques una solución para tu desamparo académico diario, sin perjuicio de que uses todas las horas de tutoría que te sean posibles y consultes a tu profesor siempre que puedes sobre tu evolución y proyección en el curso, sobre cómo vas y qué aspectos necesitas mejorar. Te proponemos, en definitiva, que te atrevas a ejercer de profesor de ti mismo.

No es ni mucho menos una cosa inviable. Y es cierto que parece partir de cierta arrogancia: la de presumir que podemos evaluarnos con cierta imparcialidad y mucha fiabilidad a nosotros mismos. Pero nos referimos a que crees ciertas rutinas de control de tu progreso de forma que sean contrastables por ti mismo y también por cualquier otra persona. Estas son las pautas que te aconsejamos

Ríndete cuentas a ti mismo

Notar esa especie de presión que supone que alguien controla tus pasos está muy bien en su medida justa. Hay mucha gente en este mundo (me incluyo) a la que le dejan libertad para organizarse durante el curso y solo empezamos a hacer algo útil y productivo al final, cuando llegan los exámenes. Por eso desde hace un tiempo incluyo en mis tareas la de hacer una pequeña autoevaluación semanal de lo que he hecho con mi tiempo de estudio en los últimos 7 días. A veces el resultado ha sido desolador y eso ha sido para mí un incentivo para intentar hacerlo mucho mejor la siguiente semana.

Lleva un cuaderno de progresos

Si no registras lo que haces es como si no hicieras nada. Donde se nota tu curva de progreso es en el tiempo, contrastando cómo estabas al principio de tus autoevaluaciones y cómo vas cada nueva semana. ¿Cómo saber si estás yendo hacia adelante y volviendo para atrás como un cangrejo si no tienes un cuadernito donde anotar tus tiempos de estudio, tus logros, tus pequeñas derrotas, las notas de los controles o exámenes parciales  que vas haciendo a lo largo del curso? Cualquier método es bueno: una aplicación para notas, un cuaderno de mano, la propia agenda escolar… Elige el que mejor se adapte a tu día a día.

Sé creativo

Junto a lo que hemos dicho en el párrafo anterior, añade una pincelada creativa. Puedes extraer los datos que tu progreso o retroceso y elaborar gráficas vía Microsoft Excel u otras aplicaciones parecidas. El poder del gráfico es sumamente revelador para saber dónde estamos de un solo vistazo y a veces tiene más poder para movernos a la acción que los simples números. Para los números negativos siempre utilizo gráficos en rojo y cuando cumplo objetivos o los sobrepaso utilizo el azul: rojo remordimiento, azul satisfacción, entre esos valores me voy moviendo con algún amarillo o naranja que me alertan de que voy bien en algo pero no me debo descuidar.

Revisa tu método

Cuando uno es su propio profesor el principio fundamental es dudar siempre de uno mismo y replantear sus métodos de control. Si ves que tu modelo de autoevaluación no te sigue motivando, elimínalo, cambialo, busca uno nuevo, implántalo con rigor. No me gustan las cosas que se estancan y ya no sirven a su función. Lo mismo respecto al plan de estudios: en la facultad ningún profesor me decía cuánto tiempo tenía que dedicar al día a estudiar los apuntes tras haberlos ordenado, ampliado, muchas veces reescrito… Si en mi autoplan me he marcado 3 horas diarias y se me hacen muy cuesta arriba, siempre puedo reorientarlo y bajarlo a 2 pero compensándolo con alguna hora del sábado por la tarde, antes de salir con mis amigos, por ejemplo. Ten en cuenta una cosa importantísima: tú te conoces mejor que cualquiera de tus profesores, y las pautas que ellos te puedan transmitir te toca a ti adaptarlas a tu caso concreto.

Son muchos los casos en que el estudiante se tiene que sacar él solito las castañas del fuego. El profesor no está a todo “de todos” y toca montártelo a tu manera. ¿Compartes con nosotros cómo lo haces tú? ¿Qué plan de estudios te has diseñado? ¿Cómo controlas tus progresos?

 

Fuente: El rincón del vago

Modificado por última vez en Jueves, 14 Agosto 2014 23:44
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